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Aumenta el número de personas que no pueden permitirse un coche

¿Qué porcentaje de hogares españoles dice no poder permitirse tener un coche propio? ¿Y cuáles son las razones? Estas son las dos preguntas que respondemos en este post. 

La última Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística dice que el número de personas que no puede tener coche por motivos económicos ha aumentado respecto a  2018.

Ese año, el 5,1 por ciento de la población declaraba que no podía permitirse un automóvil. En 2025, ese porcentaje se sitúa ya en el 5,4 por ciento. 

A simple vista, el incremento puede parecer reducido, pero detrás de unas décimas hay miles de hogares que han perdido la posibilidad de contar con un medio de transporte propio. 

El problema, además, no se concentra en un único grupo de edad. Los datos muestran una evolución negativa en prácticamente todas las franjas. 

El encarecimiento del coste de la vida, la subida del precio de los vehículos y la pérdida de poder adquisitivo están haciendo que tener coche deje de ser algo asumible para una parte creciente de la población.

Los jóvenes y menores de 45 años, los más afectados

El deterioro es especialmente visible entre los menores de 45 años. En el grupo de 30 a 44 años, el porcentaje de personas que afirma no poder permitirse un coche ha pasado del 5,9 por ciento en 2018 al 7,4 por ciento en 2025. 

Este aumento es significativo porque afecta a una etapa vital en la que muchas personas tienen una mayor actividad laboral, cargas familiares o necesidad de desplazarse con frecuencia.

También empeora la situación entre los jóvenes de 16 a 29 años. Desde 2019, la tendencia ha sido negativa año tras año hasta alcanzar el 7,1 por ciento de jóvenes que no pueden comprarse un automóvil. 

Sin coche, se reducen las oportunidades para aceptar trabajos alejados del lugar de residencia, aumenta la dependencia del transporte público y se complica la emancipación, sobre todo en municipios pequeños o en zonas donde las conexiones son insuficientes.

Coches más caros y salarios con poco margen

Los datos del INE encajan con una realidad que se viene consolidando desde hace años: los coches son cada vez más caros y los salarios no avanzan al mismo ritmo. 

En el mercado de vehículos nuevos, distintos análisis han señalado subidas medias superiores a los 10.000 euros desde 2019. 

En este incremento influyen factores como las nuevas exigencias normativas, el aumento de los costes de producción, la inflación y una oferta cada vez más centrada en modelos con mayor equipamiento y precios más elevados.

El mercado de segunda mano tampoco ha quedado al margen de esta presión. Para muchas familias, comprar un vehículo usado era hasta hace unos años una alternativa razonable. 

Sin embargo, la subida generalizada de precios también ha reducido esa opción, haciendo que incluso los coches de ocasión resulten difíciles de asumir para hogares con ingresos ajustados.

A todo ello se suma el estancamiento de los salarios reales. Aunque las cifras macroeconómicas puedan presentar una imagen positiva, la experiencia cotidiana de muchas familias es distinta. 

Cuando los sueldos apenas ganan capacidad de compra y los bienes básicos se encarecen, decisiones como comprar un coche, mantenerlo, pagar el seguro, asumir reparaciones o afrontar el combustible se convierten en una carga difícil de sostener.

El coche como indicador de empobrecimiento

El coche, durante décadas, fue un símbolo de progreso, estabilidad y ascenso social. Hoy, para una parte de la población, se está transformando en un bien difícil de alcanzar. La imposibilidad de comprar o mantener un vehículo muestra hasta qué punto se han estrechado los márgenes económicos de muchas familias.

A este escenario se suma el debate sobre las políticas públicas que desincentivan el uso del coche privado en las ciudades

Medidas como las restricciones al tráfico o los modelos urbanos orientados a reducir la presencia del automóvil pueden tener una justificación medioambiental, pero no afectan a todos por igual. 

Para quien puede elegir, renunciar al coche puede ser una decisión personal. Para quien no puede permitírselo, la llamada "ciudad sin coches" no es una opción sostenible elegida libremente, sino una consecuencia directa de su situación económica.

La clave está en que la encuesta del INE no habla de una renuncia voluntaria al vehículo, sino de una imposibilidad económica

No se trata de que miles de hogares hayan decidido cambiar masivamente sus hábitos de movilidad, sino de que cada vez más familias no pueden asumir el coste de adquirir o mantener un coche.

Por tanto, el aumento del porcentaje de hogares sin automóvil propio debe leerse como una señal de alerta. El coche, que durante años formó parte del estándar de vida de la clase media, se está convirtiendo en un bien menos accesible. 

Y cuando un elemento tan vinculado a la autonomía personal y laboral empieza a quedar fuera del alcance de más familias, significa que el poder adquisitivo real está retrocediendo.


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