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Los riesgos a los que se enfrentan los coches conectados

¿Qué riesgos de ciberseguridad amenazan a los vehículos conectados en la UE? ¿Cómo solucionarlos? Te respondemos en este post.

Los vehículos automatizados y conectados (CAV) han dejado de ser simples máquinas para convertirse en auténticos sistemas digitales sobre ruedas. 

Hoy integran software avanzado, servicios en la nube y actualizaciones remotas constantes, lo que amplía de forma considerable la superficie de ataque frente a amenazas de ciberseguridad

En este contexto, una evaluación coordinada en la Unión Europea por el NIS Cooperation Group, en colaboración con la Comisión Europea y ENISA, ha identificado hasta 107 riesgos, de los cuales 14 se consideran críticos.

Principales riesgos de ciberseguridad en vehículos conectados

El cerebro del vehículo

Uno de los puntos más sensibles se encuentra en el denominado "cerebro" del vehículo, es decir, los sistemas de inteligencia artificial encargados de la toma de decisiones

Aquí entran en juego ataques capaces de alterar la percepción del entorno, manipulaciones en el entrenamiento de modelos o accesos laterales desde otros sistemas. 

Estas amenazas pueden derivar en comportamientos erráticos o incluso en el control remoto del vehículo. 

Aunque la homologación europea exige una adecuada gestión de la ciberseguridad, todavía existen lagunas, especialmente en la atribución de ataques y en la dependencia de proveedores externos.

Los sistemas de control

Otro foco crítico son los sistemas de control, como las ECUs, el motor, los frenos o la dirección. 

Entre las amenazas más relevantes destacan la explotación de radiointerfaces en circulación, la manipulación directa de las ECUs y los ataques al sistema de gestión de baterías, que podrían provocar sobrecalentamientos peligrosos. 

Normativas como UNECE R155 y R156 obligan a implementar controles estrictos y actualizaciones seguras OTA, pero la seguridad global depende de cada eslabón de la cadena.

La conectividad

La conectividad es otro de los grandes vectores de riesgo. Tecnologías como Bluetooth, Wi-Fi o 5G actúan como puertas de entrada habituales. 

Un fallo en la segmentación de sistemas puede permitir que un ataque iniciado en el sistema de infoentretenimiento escale hasta dominios críticos del vehículo. 

Además, estos entornos gestionan grandes volúmenes de datos personales, lo que incrementa la exposición a problemas de privacidad y protección de datos.

Sensores

En cuanto a los sensores, como cámaras o radares, también presentan vulnerabilidades. 

Aunque de forma aislada su impacto puede parecer limitado, el verdadero problema surge cuando los sistemas de decisión confían en datos manipulados, lo que puede desencadenar acciones peligrosas en la conducción.

Infraestructuras y cadena de suministro: nuevos puntos débiles

Los puntos de recarga de vehículos eléctricos se han convertido en otro elemento clave dentro del ecosistema CAV. 

Muchos cargadores públicos presentan deficiencias en términos de hardening y cifrado. 

Un ataque en este ámbito no solo podría afectar a los vehículos, sino también generar inestabilidad en la red eléctrica si se ejecuta de forma coordinada. 

Con la Directiva NIS2, los operadores energéticos pasan a ser considerados entidades críticas, aunque los expertos insisten en la necesidad de reforzar su madurez en ciberseguridad industrial.

Nube y actualizaciones

El sistema central en la nube controla datos importantes del vehículo (como su funcionamiento y su software interno), y cuando se envían actualizaciones remotas, cualquier fallo o ataque en ese proceso podría afectar a muchos coches al mismo tiempo.

La introducción de puertas traseras en software de código abierto o la manipulación del proceso de actualización son amenazas reales. 

Además, si el proveedor dispone de acceso privilegiado, los controles internos pueden resultar insuficientes.

Por otro lado, los proveedores de alto riesgo generan una preocupación creciente en el ámbito europeo. 

Factores como la posible presión de algunos gobiernos sobre determinados proveedores, o la introducción intencionada de funciones ocultas en los sistemas, aumentan la preocupación en materia de seguridad. 

A ello se suma el riesgo de que se recopilen grandes volúmenes de datos y se transfieran a lugares donde no se aplican las normas europeas de protección de datos, lo que dificulta su control y supervisión.

Marco normativo europeo y desafíos pendientes

La Unión Europea ha desarrollado un marco regulatorio sólido que incluye el Reglamento 2018/858 sobre homologación, el Reglamento 2019/2144 de seguridad general, las normas UNECE R155 y R156, y la Directiva NIS2 para operadores críticos. 

Según la evaluación, muchos de los principales riesgos están razonablemente cubiertos si se implementan correctamente estas medidas.

Sin embargo, el problema radica en la evolución de las amenazas. La naturaleza intencionada, persistente y, en algunos casos, vinculada a actores estatales supera el enfoque tradicional de estas normativas, diseñadas principalmente para la seguridad vial. 

El riesgo actual apunta a ataques coordinados que pueden afectar a la seguridad pública a gran escala.

Para mitigar estos desafíos, se plantean varias líneas de actuación. Entre ellas, reducir la dependencia de proveedores en módulos críticos y aplicar un enfoque común europeo en su evaluación. 

También resulta clave reforzar la gobernanza de las actualizaciones, con separación de funciones, validaciones independientes y capacidad real de reversión.

Asimismo, se recomienda implementar una segmentación estricta basada en el modelo zero-trust entre los distintos dominios del vehículo y su conexión con la nube. 

Por último, es imprescindible elevar el nivel de ciberseguridad de las infraestructuras de recarga, equiparándolas a otras infraestructuras críticas.

En definitiva, aunque el marco normativo europeo está bien desarrollado, el verdadero reto consiste en garantizar una aplicación efectiva y adaptada a un entorno cada vez más complejo. 

La seguridad ya no depende solo del cumplimiento regulatorio, sino de proteger la integridad de un ecosistema digital que, en la práctica, mueve millones de vehículos cada día.


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