
Los sistemas de ayuda a la conducción están diseñados para reducir el riesgo de accidente, pero también pueden provocar situaciones inesperadas.
Una de ellas son los llamados frenazos fantasma, es decir, frenadas automáticas bruscas que se producen cuando el vehículo interpreta que existe un peligro aunque, en realidad, no haya ningún obstáculo que justifique detenerse.
Además del riesgo de accidente, este fenómeno puede complicar la determinación de responsabilidades y, por tanto, la actuación de tu seguro de coche.
Desde 2022, la Unión Europea exige que los vehículos nuevos incorporen sistemas de frenada automática de emergencia. Esta tecnología forma parte de los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, conocidos como ADAS, y tiene como objetivo intervenir cuando detecta una posible colisión.
El problema aparece cuando cámaras, radares o sensores interpretan incorrectamente lo que sucede en la carretera.
Una sombra, un puente, determinados elementos situados junto a la calzada o incluso una rama pueden ser identificados como una amenaza y hacer que el automóvil frene sin que el conductor haya dado la orden.
Imagina que circulas detrás de otro vehículo manteniendo una conducción normal y, de repente, este frena con intensidad sin que exista un semáforo, un obstáculo o cualquier otra circunstancia evidente que justifique la maniobra.
El margen para reaccionar puede ser muy reducido y producirse un alcance por detrás.
Tradicionalmente, en este tipo de accidentes se tiende a considerar responsable al conductor del vehículo que circula detrás, ya que debe mantener una distancia de seguridad suficiente para poder detenerse ante una frenada.
Esta es una de las principales dificultades que plantean estos siniestros para conductores y aseguradoras.
La regla general continúa dando una especial importancia a la obligación del vehículo que circula detrás de mantener la distancia de seguridad.
Sin embargo, si se consigue demostrar que el automóvil delantero realizó una detención completamente inesperada provocada por un sistema automático, la atribución de responsabilidades puede resultar más compleja.
Por eso, sufrir un accidente relacionado con un posible frenazo fantasma no significa automáticamente que vaya a modificarse la responsabilidad habitual en un alcance.
Será necesario analizar las circunstancias concretas del accidente y, sobre todo, disponer de pruebas que permitan determinar si la frenada fue realizada por el conductor o activada por el propio vehículo.
Uno de los principales problemas que puedes encontrarte después de un accidente de estas características es precisamente demostrar qué provocó la frenada.
Los vehículos actuales generan y almacenan información sobre el funcionamiento de muchos de sus sistemas electrónicos. Estos registros pueden ayudar a conocer si intervino el sistema automático de frenado y qué detectaron los sensores antes del accidente.
Según la información de partida, los fabricantes pueden mostrarse reticentes a facilitar estos registros y, en determinados casos, puede ser necesario recurrir a procedimientos judiciales para conseguirlos.
Por esta razón, la intervención de un perito especializado puede adquirir especial importancia. Analizar el vehículo, sus sistemas electrónicos y las circunstancias del siniestro puede ayudar a reconstruir lo ocurrido.
Si sospechas que un frenazo fantasma ha provocado un accidente, recopilar pruebas desde el primer momento puede resultar especialmente importante.
Conviene documentar el lugar del siniestro, la posición de los vehículos y las condiciones de la carretera, así como identificar posibles testigos.
También deberías comunicar a la aseguradora que consideras que pudo producirse una activación automática del sistema de frenado.
A partir de ahí, puede ser necesario solicitar una revisión técnica del vehículo o recurrir a profesionales especializados para intentar obtener y analizar los datos electrónicos disponibles.
Por supuesto que para estas gestiones es mejor contar con el mejor seguro de coche del mercado. ¿Dónde encontrarlo? Mira nuestro comparador.