¿Sigue siendo necesario tener un coche en propiedad? Analizamos cómo han cambiado los hábitos de movilidad, qué alternativas existen y como afectan al seguro de coche.
Durante muchos años, tener un coche propio fue sinónimo de libertad, autonomía e incluso estatus.
Sin embargo, el panorama ha cambiado. El coste creciente de la vida, la conciencia medioambiental, las restricciones urbanas y el auge de nuevas formas de movilidad más flexibles han llevado a muchas personas —especialmente a las nuevas generaciones— a replantearse esta necesidad.
La respuesta parece inclinarse hacia un "no" cada vez más claro.
Según el Observatorio Cetelem del Automóvil 2024, un 59% de los jóvenes europeos de entre 18 y 34 años considera que no es imprescindible tener un coche en propiedad.
Esta cifra refleja un cambio significativo en la percepción del vehículo privado, especialmente en entornos urbanos, donde el transporte público y las soluciones de movilidad compartida son más accesibles y eficientes.
En la misma línea, el Global Automotive Consumer Study 2023 de Deloitte revela que las generaciones más jóvenes muestran una clara preferencia por modelos de consumo flexibles, evitando compromisos financieros a largo plazo.
Este nuevo enfoque ha impulsado el uso combinado de alternativas como transporte público, bicicletas, patinetes eléctricos y, en casos puntuales, el uso compartido de vehículos. La movilidad se convierte así en un servicio, no en una propiedad.
Disponibilidad inmediata: Uso del vehículo en cualquier momento, sin depender de terceros.
Privacidad y confort: Ideal para familias o personas que realizan trayectos frecuentes o fuera de zonas urbanas.
Elección personalizada: Posibilidad de adaptar el vehículo a gustos o necesidades particulares.
Costes elevados: A la compra se suman combustible, mantenimiento, impuestos, aparcamiento y seguro de coche.
Devaluación rápida: Un coche pierde valor desde el momento en que se adquiere.
Rigidez: Poseer un coche limita la capacidad de adaptarse a cambios en el estilo de vida o necesidades de movilidad.
El renting para particulares ha crecido de forma notable. Por una cuota mensual, el usuario accede a un vehículo con todos los gastos incluidos (mantenimiento, seguro, impuestos). Es una solución muy interesante para quienes buscan comodidad sin compromisos a largo plazo.
Los modelos de suscripción ofrecen aún más flexibilidad: permiten cambiar de coche con frecuencia, cancelar sin penalización y adaptar el tipo de vehículo a cada momento vital.
El carsharing permite alquilar coches por minutos, horas o días, todo a través de una app. Este modelo, presente en la mayoría de grandes ciudades, ofrece una solución ágil, especialmente para quienes solo necesitan un coche de forma puntual.
Este cambio de paradigma también afecta a cómo se conciben y contratan los seguros de coche:
Seguros flexibles y por uso: Las aseguradoras están diseñando pólizas que se adaptan al uso real del vehículo, como los seguros "pay-per-use" o temporales.
Coberturas integradas: Muchas soluciones de renting o carsharing incluyen el seguro dentro del servicio, aunque a menudo con franquicias o límites que pueden complementarse con coberturas adicionales.
Protección al conductor, no al vehículo: Con el auge de la movilidad compartida, cada vez es más relevante proteger al usuario en lugar de asegurar un solo coche. Por ello, se desarrollan productos que ofrecen cobertura personal ante accidentes, asistencia en viaje o responsabilidad civil, independientemente del vehículo utilizado.
Innovación tecnológica: La telemetría y el análisis de datos permiten ajustar el precio del seguro al comportamiento del conductor, fomentando una conducción más segura y eficiente.
En definitiva, la movilidad ha dejado de estar ligada a la propiedad. Cada vez más personas eligen modelos más flexibles, sostenibles y adaptados a sus necesidades reales, evitando la rigidez y los costes asociados a tener un coche en propiedad.
En este contexto, el sector asegurador también evoluciona, ofreciendo productos a medida para estos nuevos modelos de uso.
Ya no se trata solo de asegurar un vehículo, sino de asegurar la movilidad de las personas, sea cual sea la forma que adopten sus desplazamientos.
Porque, al final, lo importante no es tener un coche, sino moverse con libertad, seguridad y confianza.