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La picaresca se abre paso en el mercado de la ORA

Comenzaron en las grandes capitales, pero pronto tomaron todas las vías urbanas de las ciudades españolas. Los parquímetros, esos aparatos que fueron presentados como elementos reguladores del aparcamiento, para fomentar la rotación, hoy son objeto de millones de críticas e incluso de la ira de la población.

Pagando por aparcar


Y no es de extrañar, hoy representan un sistema de recaudación más de ayuntamientos y empresas propietarias de su instalación y distribución. La comunidad, harta, comienza a tomar cartas en el asunto. Un vistoso ejemplo es el del barrio madrileño de Guzmán el Bueno. Aquí, los vecinos se han aliado con los comúnmente llamados “gorrilas” para que sean ellos los que “vigilen” el coche y velen por que ningún controlador endose una multa al vehículo.

Proceden de la siguiente manera: el propietario del vehículo aparca dentro de la zona regulada por la ORA y deja una de las ventanillas delanteras parcialmente abierta, a continuación busca a un gorrilla al que entrega una propina. El gorrilla, a cambio, vigilará el vehículo durante el tiempo establecido previamente con el propietario del vehículo. El gorrilla, cuando ve aparecer la figura del controlador, saca un tiquet por el mínimo importe y lo coloca en el salpicadero del vehículo a través de la rendija abierta en la ventana. Así, tantas veces sean necesario hasta que vuelva el propietario.

Por supuesto, todo el vecindario no se ha acogido a esta solución, pero los que sí la adoptan hablan de un considerable ahorro. Hay quien incluso ha dejado las llaves al gorrilla, un poco exagerado ¿no os parece?




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